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De costa a costaHoy te voy a contar la vida en una oficina pública que conozco, utilizando como Alegoría la geografía y la historia de tu país. Las jornadas de convivencia celebradas en el Central Park, con motivo del cierre de la Convención anual del “Old Party”, fueron la perfecta excusa para realzar el espíritu de grupo de los participantes en ella, dar culto al jefe y ensalzar la jerarquía como pilar fundamental de la Organización. Los informes expuestos parecían sacados de los viejos manuales escolásticos y el comportamiento exhibido por los componentes de la cohorte del dirigente seguía las pautas de “El Cortesano” del Conde Baltasar Castiglione1. Esta organización es grande y dispersa, las personas que trabajan en ella están muy alejadas unas de otras. Viven cerca de las cálidas aguas del océano Atlántico, en las proximidades del océano Pacífico, en las arenas del Sur y en las tierras nevadas de Alaska. En el Este vive el dirigente, en su “Casa encalada”, en su silencio ausente, metido en una urna de cristal. Dicen que solo conversa con sus consejeros. Unos le dan parte de los despilfarros y de las deudas de las Colonias de la Unión, otros le cotillean los comportamientos de los miembros de la Organización y otros le hablan de los últimas tribus capturadas. Solo se entera de lo que sus consejeros quieren que se entere. Los que viven en el Este están cerca del poder, de los estrenos de las ultimas obras de teatro, de la bahía del río Hadson, de Palm Beach y de la estatua de la libertad. Tienen tiempo para charlar sobre la cosecha del algodón, sobre el futuro revelado en los posos del té, sobre la educación de los jóvenes o sobre la “frivolité” de París. Se han acostumbrado a la vida cómoda y a las ceremonias del poder. Se han ido erigiendo en tecnócratas de las empresas que van al Oeste y en huraños financieros. Convertidos en hábiles paseantes, con gracia en la boca y sarcasmo en el corazón, manejan la ironía y los chascarrillos para influir en el poder de acuerdo con sus intereses. En el Medio del país vive la aristocracia calvinista, rodeada de los grandes plantadores de vida fácil y refinada, se comporta de acuerdo con las pautas de “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo y sigue sus consejos para tener el liderazgo garantizado2. Están fraguando su poder a través de un holding de empresas participadas y un consorcio de petroleros sin escrúpulos. Se han hecho tan grandes que desconocen el volumen de su actividad. En el Oeste ha surgido un nuevo tipo de persona: individualista, ruda, arisca, poco diplomática, aventurera y enamorada de la libertad. Solo aprecia el valor personal y las realizaciones. Es un “selfmademan”3. Las damas llegadas de la vieja Europa intentan modelar la arquitectura de los poblados y refinar el comportamiento de estas personas, pero los viejos colonos se resisten a cambiar las costumbres. Un día bajaron de las montañas nevadas de Alaska los viejos pioneros y los desterrados, llenos de frío y de soledad. Fueron acogidos con sonrisas, ironías y nerviosismo. Unos se fueron al Oeste, otros escogieron el Este parsimonioso y otros se instalaron en el Sur. La “Union Pacific” es el único puente de unión del Este y el Oeste. En sus dependencias se alojan la amabilidad, la comprensión y las buenas maneras. Pero su educación deviene en debilidad y complicidad cuando entabla relaciones con los habitantes del Medio. Abajo, en el “Sand Valley”, un grupo de exploradores intrépidos busca oro con zarandas remendadas y pescan algún pez con nansas agrietadas. En sus cobertizos hacen piruetas virtuales, dibujan pompas de jabón y reflejan sombras chinescas en pantallas demacradas. En el Oeste se saca el oro de las minas y en el Este se pule y se abrillanta para que las damas lo luzcan en sus blancos cuellos y en sus finas manos. Se doman los caballos que pasearán con sillas adornadas por las calles de Boston. Siempre hay gente que adora las costumbres del Este y coge el tren de la Union Pacific para vivir lejos de allí una vida menos dura. Allí hace tiempo que los pamukeys, los cheroquis, los hurones y los mohicanos enterraron el hacha de guerra y adoptaron costumbres más sedentarias. Dicen que se “se civilizaron”.
En cambio en el Oeste
siempre están descubriendo nuevas tribus, arreglando el arado, levantando
cuadras o limpiando las mataduras de los caballos. Los shoshonies, los
siux, los apaches, los pawnees, los piesnegros, los wichitas, los comanches,
los cheyennes, los pielesrojas, los navajos o los payutes siempre están
al acecho. Es comprensible la huida.
1.- Allá por el año de 1.507 en la Corte de Urbino (en aquella época era un Ducado
independiente situado cerca de Roma que posteriormente pasaría a formar
parte de los Estados Pontificios), si un caballero quería triunfar,
debía guardar ciertos modales delicados, ser agradable y abierto, hacer
las cosas sin que pareciese que se esforzaba demasiado, no tocar ningún
instrumento demasiado bien que le llevase mucho tiempo como si fuera un
profesional y ayudar al rey con sus consejos e influencias. |
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