La representación política 2

Una vez más he comprobado que la sociedad política de mi país está muy alejada de la sociedad civil, como fruto del sistema oligárquico que un día no muy  lejano implantó haciéndonos creer que ellos y solo ellos eran los mensajeros de la democracia. Pero sus conductas reflejan los modos de vivir de las castas, cerradas en sus problemas. Salen de sus castillos, sueltan los rollos habituales (pura demagogia), convencen a unos cuantos ignorantes para que les faciliten la "coartada democrática" poniéndose en los lugares preferentes de las listas cerradas, explican la justicia y la inteligencia de sus propuestas, condenan  y demonizan las propuestas y las personas rivales y se vuelven a su jardín privado repleto de flores,  dejando tras de si el desierto de la sociedad civil.

Los componentes de la sociedad política de mi país (políticos, burócratas de partido, cronistas y críticos políticos  oficiales vestidos con ropaje de independientes, intelectuales a sueldo de una fundación u otra institución cualquiera subvencionada por el poder, titiriteros culturales que pregonan las bondades del poder establecido gracias a los contratos fantasmas o representaciones vacías de público y bichos de parecidas características) practican el arte del engaño y la bribonería, el ejercicio de la filigrana jurídica y de la beatitud constitucional, el clientelismo y la corrupción (plan de empleo rural, empresas deficitarias, subvenciones a instituciones afines y de su simpatía, desgravaciones sectarias, utilización de fondos reservados para su enriquecimiento personal, asignación de créditos a programas cuyos únicos destinatarios son amigos, etc.).

Muchos cronistas y críticos políticos parecen redactores de revistas de cotilleo, hagiógrafos de personas inútiles, biógrafos de bandoleros o novelistas  del género negro. En definitiva son los mejores monaguillos de la ceremonia de la confusión.

Siempre había pensado que la sociedad política era un conjunto de personas que representaban a la sociedad civil y que sus acciones y decisiones iban encaminadas a mejorar la sociedad civil y que la democracia era el sistema de elección menos malo para proporcionar su composición.

En el origen de la democracia, allá en la "polis" griega , aquellas ciudades-estado de la Grecia clásica, así se estableció: en Atenas cada  uno de los 100 barrios o aldeas o grupo de aldeas ("demos") en que se dividía proponía a los ciudadanos que iban a ser los representantes de la tribu (50 por cada una de las diez tribus) en la "Boulé" o "Consejo de los Quinientos" que gobernaba la Polis o Ciudad-Estado.

Estos días se han celebrado elecciones locales  y regionales en mi país, se eligen a una serie de representantes en las diversas asambleas locales que tiene este país (juntas vecinales, ayuntamientos, diputaciones provinciales,  parlamentos regionales).

Lo lógico sería pensar que cada territorio (barrio, distrito, comarca) tuviese su representante, pero en estos pagos las cosas no son así. La filosofía del "Estado de partidos" se ha propagado a todas las esferas públicas. De esta forma el municipio es un solo distrito electoral, la provincia se divide en partidos judiciales como circunscripciones plurinominales, la región es uno o varios distritos, dependiendo de las provincias que ocupe, también plurinominales. Aquí los sufridos electores escogemos una de entre varias listas cerradas (no se pueden tachar ni añadir nombres, si lo haces tu voto lo consideran nulo). Lo curioso es que esas personas son las que nos van a representar y no conocemos ni al primero (en una encuesta efectuada en Madrid el 90 % de las personas solo conocía al primero de las tres listas más sonadas). Aquí en Madrid el sistema llega a sus mas altas cotas de aberración: para el ayuntamiento de la capital la lista tiene 57 concejales y  para el parlamento 103 diputados, como  ya dijimos, antes. Así que el ciudadano se ha limitado a coger una lista y a refrendar en bloque a un grupo de personas escogido por la cúpula del partido.

¿A quién estará más agradecido cada uno de los integrantes de estas listas, a los electores o a los que forman parte del comité de listas del partido?

¿A que grupo de ciudadanos o a que "demos " representa cada uno de ellos?

Este sistema hace, pues, que la sociedad política tenga su dinámica propia, lejos de las preocupaciones de la sociedad civil.

Lógicamente estarán más preocupados por las intrigas palaciegas que por los problemas de los ciudadanos que dicen representar.

La democracia es el régimen de poder de la mayoría, pues quien gana impone las reglas a todo el grupo. Las cuotas de poder, las proporcionalidades y  el consenso son situaciones ajenas al sistema democrático. Lo decisivo es la consecución del poder por la mayoría de los ciudadanos de cada trozo del territorio donde están asentados.

¿Y las formas que adoptan en las campañas electorales para atraer a los ciudadanos a escoger la lista donde están insertados?. Se desfogan en los mítines prometiendo utopías e insultando al adversario, demostrando que para permanecer o para conseguir el poder vale todo. La demagogia y la zafiedad, la falta de educación cívica y de cultura democrática, el lenguaje chabacano y tabernario han sido las características básicas de esta campaña, sobre todo por  parte de los dirigentes del partido que hasta ahora dominaba en la mayoría de las Entidades Locales.

Unos días después se celebraron elecciones locales en Francia para renovar los órganos rectores de las comunidades locales. Su sistema de provisión de los dirigentes de estas comunidades es radicalmente diferente al que existe en mi país.

En las comunidades locales menores de 3.500 habitantes los representantes son elegidos por el escrutinio mayoritario; en primera vuelta los que obtengan más de la mitad de los sufragios y en segunda vuelta los que obtengan el mayor número de votos. No obstante en aquellas comunidades locales que tengan más de 2.500 habitantes se les impone que los candidatos deben ir agrupados en listas, pudiendo el elector optar por una lista completa o fabricar su propia lista con los diferentes candidatos ("panache"). En las comunidades locales mayores de 3.500 habitantes se mezcla el sistema mayoritario con el sistema proporcional. Aquí las listas son cerradas y el reparto de escaños se efectúa de la siguiente forma: si una lista ha obtenido mas de la mitad de los votos en la primera vuelta se le concede la mitad de los escaños automáticamente y el resto se reparte proporcionalmente entre las diversas listas que hayan obtenido más del 5% de los votos. Si ninguna lista obtiene la mayoría absoluta en la primera vuelta se procede a una segunda vuelta y el reparto se efectúa de la forma comentada.

En las grandes ciudades - París, Marsella, Lyón - el sistema es diferente. El termino municipal se divide en distritos, "arrondissements", cada uno de los cuales tiene asignado un número determinado de concejales. Serán elegidos los de la lista que obtenga mayor número de votos (la Mayoría absoluta en la primera vuelta o la Mayoría simple en la segunda).

En el caso concreto de París, cada "arrondissement" forma su propio ayuntamiento, nacido de la lista ganadora, en la que se incluyen los concejales del  ayuntamiento de  París (que concentra las competencias del municipio y del Consejo General del Departamento de París) y los concejales del ayuntamiento del distrito, barrio, "arrondissement". Estos últimos elegirán al alcalde del barrio, aquellos formaran parte del  ayuntamiento de París y elegirán al alcalde de París ("La administración municipal  francesa" P. Subra de Biesses, profesor de la Universidad de parís X, Nanterre, artículo recogido en la revista Documentación Administrativa nº  228,1991).

En fin, este sistema premia al ganador y hace más gobernable el municipio, pero a costa de cuartear un poco el sistema de representación política, que sí existe en otros ámbitos, en el departamento y en la nación. En el primero cada cantón elige al consejero que les representará en el Consejo General del Departamento (algo parecido a la Diputación  de la provincia española), y siguiendo la tradición francesa por el sistema de mayoría absoluta a la primera vuelta o mayoría simple a la segunda ("ballotage"). En el segundo, los representantes de la nación en el poder legislativo del Estado francés (la Asamblea Nacional) provienen de cada lugar del territorio francés: cada distrito elige a su diputado y este será el que logre la Mayoría de los votos de los ciudadanos del distrito, por mayoría absoluta en la primera vuelta o simple en la segunda.

 
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© 2006. Lorenzo Alonso