Crisis del Estado

  Hoy día el Estado ya no es lo que era en otros tiempos, capaz de imponer sus políticas con autonomía plena. Esta "crisis del Estado" obedece por un lado a la globalización de la economía, la tecnología y la comunicación; y por otro a la propia autonomía del sistema político dentro de su territorio; es decir a la "mundialización" y a la "crisis de dirección"1.

  "Mundualización"

  Cuando una Nación, como España, se integra en una organización supraestatal, la Unión Europea, el Estado ha tenido que renunciar a ciertos poderes genuinamente nacionales como son la política monetaria (acuñación de moneda, tipos de interés, devaluaciones), la armonización fiscal, las normas industriales, gran parte de la política agraria, la política arancelaria, etc. Desde ese momento ya no es el único soberano en su territorio, pues los reglamentos y las directivas de esa organización tienen más peso que sus propias leyes dentro del territorio nacional.

  Las empresas multinacionales, que tienen sucursales en todo el mundo, solo están sujetas a los poderes del Estado en unas pocas facetas meramente administrativas y fiscales, pues las decisiones y las estrategias se elaboran lejos de su territorio. Cuando el Estado establece nuevas normas fiscales o laborales (por ejemplo) debe tener cuidado para evitar molestarles no siendo que cierren la sucursal y levanten el vuelo. En algunos casos los presupuestos de estas empresas son mayores que los de muchos Estados donde realizan sus actividades.

  Los flujos de capital a nivel internacional son tan grandes y tan rápidos que pueden hacer tambalear a cualquier Estado.
  Las nuevas tecnologías de la comunicación (Internet, televisiones por satélite, móviles, etc.) facilitan el flujo de noticias, ideologías de todo tipo y comportamientos humanos. Es muy difícil para el Estado regular sus actuaciones o censurar sus opiniones.

  En muchos casos su jurisdicción no alcanzan a todas las personas que desearía (inmigraciones, delincuencia y terrorismo internacional) ni tiene influencia en actuaciones que ocurran al lado de su frontera. Por ejemplo, puede que el Gobierno de turno decida no utilizar la energía nuclear, pero no puede impedir que el Estado vecino construya una central al lado, ni puede evitar que una catástrofe ecológica se extienda en su territorio.

  "Crisis de dirección"

  Todo Estado busca la homogeneización de todos los ciudadanos, una cultura política cohesionante, la garantía de las relaciones de intercambio en un mercado único, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, en definitiva la justicia conmutativa en las relaciones que existen en la sociedad civil, pero en muchos casos no lo consigue.

  "La necesidad de reducir la creciente complejidad de las sociedades actuales ha conducido a la aparición de esferas especializadas y auto-organizadas, dirigidas a la resolución de problemas dentro de su ámbito particular (derecho, ciencia, economía, educación, salud, etc.). Esta división de la sociedad en sistemas sociales erosiona la capacidad del Estado para imponerse jerárquicamente sobre ellos"2. Estos agentes sociales han adquirido tal especialización en las formas de producción o de prestación de los servicios que al Estado le es prácticamente imposible regular sus actividades sin contar con ellos y con las organizaciones empresariales, sindicales y  otras implicadas en la prestación del servicio.

  "Actores subestatales"

  Hoy día la imagen y el carisma de una ciudad puede oscurecer al Estado en la esfera internacional. Muchas empresas y profesionales deciden su ubicación de acuerdo con el "nivel de vida" que ofrece una ciudad determinada. Muchas naciones apenas son conocidas si no es por la popularidad de alguna o algunas de sus ciudades.

  En algunas partes del mundo el Estado es una ficción, una mera figura decorativa pues sus adscripciones siguen siendo tribales. Los jefes de la tribu, los jefes del clan o los señores de la guerra dominan partes del territorio y los servicios públicos que teóricamente presta el Estado no existen nada más que en el papel.

  Sin embargo, en algunas zonas del territorio surgen culturas paralelas que se hacen fuertes llegando a constituir verdaderos actores alternativos (muchos de ellos se denominan nacionalistas) con los que hay que estar negociando constantemente, pues tienen su propia agenda que marca la queja y la reivindicación constantes en las que se adivina el fin de trayecto: constituirse en Estado.
  Conquistan parcelas de poder aparentemente inocentes, arrebatan poco a poco competencias y esperan el momento propicio para conseguirlas: la necesidad de su apoyo para que el grupo que dirige el Estado pueda seguir gobernando, la debilidad en un sector económico en declive o la creencia de que su mayor cercanía al ciudadano es mejor solución.
  Si a estos factores se añade el empeño de los dirigentes del Estado por aumentar la descentralización para convertir al actual Estado en un Estado Federal (en opinión hay datos para calificarlo de Confederal) y de presentar esa decisión política como signo de progreso, tachando de reaccionarios, cavernícolas y retrógrados a todos aquellos que se opongan,.... Si miramos a la Monarquía de Bélgica, calificada como Federal, ya sabemos cual será nuestro final: el entierro del Estado español.
  Al pobre ciudadano español solamente le queda colocar el epitafio:

  "Resquiescat in pacem (RIP), España,
  fue bonito vivir a tu lado durante 500 años
".

  Pero....¿Resurgirá de sus cenizas?
  Yo creo y espero que sí, pues
  La III República vendrá, como Lázaro, y dirá: "España, levántate y anda"

  "Paradoja"

  Aunque aquí el Estado español, de momento, esté de capa caída, en otras partes crece el número de territorios que se convierten en Estado, como es el caso de la Europa actual comparándola con la de hace medio siglo, en concreto, todos aquellos territorios que estaban en la órbita
de la desmantelada URSS (Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia, Estonia, Letonia, Lituania, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán) y
de la desmantelada Yugoslavia (Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Serbia-Montenegro (de momento), Macedonia y posiblemente Kosovo).

 A pesar de todo, como vemos, el Estado es un enfermo duro de morir.


Notas:
1.- "Ideologías políticas y Futuro" de Rafael Águila y Fernando Vallespín, capítulo XXII de "Ideologías y movimientos políticos contemporáneos" (2ª edición, 2006, Tecnos)
2.- Apartado V del capítulo citado de la obra anterior.

 

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©11-2007. Lorenzo Alonso